sábado, 25 de febrero de 2017

Eutanasia II. Testamentos Vitales, Documentos de Instrucciones Previas o de Voluntades Anticipadas


Dígase de entrada que esta reflexión no versa ni sobre el origen, ni sobre la historia y ni sobre la posible crítica de los Testamentos Vitales, Documentos de Instrucciones Previas, de Voluntades Vitales Anticipadas o de Voluntades Anticipadas (DAV).
La ley vigente en España sobre esta materia (Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, concretamente el artículo 11,véase también en este mismo sentido el Real Decreto 124/2007, de 2 de febrero, por el que se regula el Registro nacional de instrucciones previas y el correspondiente fichero automatizado de datos de carácter personal. Y la Orden SCO/2823/2007, de 14 de septiembre de creación del fichero nacional, por la que se amplía la Orden de 21 de julio de 1994, por la que se regulan los ficheros con datos de carácter personal gestionados por el Ministerio de Sanidad y Consumo y se crea el fichero automatizado de datos de carácter personal denominado Registro nacional de instrucciones previas) regula estos documentos por los que un individuo, mayor de edad, capaz y libre, explicita la voluntad o los procedimientos que deberán tenerse en cuenta en caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal, que le haya llevado a un estado de salud que le impide expresarse por sí mismo, especialmente en lo relativo a los cuidados y a los tratamientos médicos o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de sus órganos. También subraya que se puede designar un representante que, llegado el momento si dicha persona enferma no estuviese consciente o con facultades suficientes para una correcta comunicación, sea el interlocutor con el equipo médico para procurar el cumplimiento de esas instrucciones.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que sólo algunos pocos (0,3% de los españoles), ya habían dejado por escrito qué hacer con ellos en caso de que se encontrasen gravemente enfermos y estuviese cercana su muerte. Otros enfermos graves rellenan ahora esos documentos (también pocos). A estos escritos se les denomina Testamentos Vitales, Documentos de Voluntades Anticipadas o Documentos de Instrucciones Previas… (Existen varias versiones o modelos en España. Aquí se habla de aquellos que rechazan dos extremos: por un lado, la eutanasia, y por otro, el encarnizamiento terapéutico).
Por consiguiente, estos escritos son herramientas que regulan la acción médica ante situaciones donde el paciente pierde la capacidad para decidir sobre ella con respecto a su salud.
Para que estos documentos sean siempre efectivos deben incorporarse a la historia clínica del paciente, tanto para facilitar su acceso a los profesionales médicos, como para que se pueda efectuar su revocación o modificación.
Estos documentos subrayan, atendiendo a algunos aspectos de su contenido (hay que advertir a este respecto que no hay ninguna norma legal en España que acepte en el documento de Instrucciones Previas la solicitud de eutanasia o de suicidio asistido. Éstas aparecen en documentos de determinados grupos o asociaciones a favor de la misma): que la vida no se mantenga por medio de tratamientos desproporcionados; que a los enfermos no se les aplique ningún acto u omisión que, por su naturaleza y por su intención, cause la muerte; y que se les administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.
Conviene precisar que estos documentos no sustituyen la comunicación continua y adecuada del médico con su paciente, cuando éste conserva la capacidad para tomar decisiones.
Igualmente, estos documentos podrán revocarse libremente en cualquier momento, dejando constancia por escrito.
No pueden aplicarse estos documentos si cualquier indicación de los mismos es contraria al ordenamiento jurídico vigente y a la “lex artis” del médico (la aplicación de las reglas generales comunes a la profesión médica).
Es importante dejar claro que si uno rellena estos documentos no quiere decir que esté pidiendo automáticamente que le “ayuden a morir” (forma eufemística de referirse a la eutanasia, sea ésta activa o pasiva u omisión de cuidados básicos), pero tampoco que se le aplique el llamado “encarnizamiento terapéutico”.
Así es, hay personas que rellenan estos documentos para que, por un lado, no le apliquen lo que propiamente es una eutanasia sea del tipo que sea, pero por otro, que tampoco que se les mantenga con vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios. Es decir, que, por una parte, solicitan que no se les administren “fármacos” para adelantar la muerte, sino los tratamientos adecuados para paliar sus dolores; pero que tampoco se les prolongue abusiva e irracionalmente el proceso de muerte.
Con todo, estos documentos escritos llevan consigo varios interrogantes: ¿Es consciente el que firma de todas las vertientes técnicas de los procesos y situaciones que está autorizando o desautorizando?, ¿Cómo saber lo que una persona decidirá en el futuro acerca de un problema que afectará seriamente a su salud?
Estos interrogantes nos plantean: ¿los Testamentos Vitales, los Documentos Instrucciones Previas o de Voluntades Anticipadas…tienen una vigencia actual o se podrían considerar solamente una “orientación”?

sábado, 28 de enero de 2017

Eutanasia y suicidio medicamente asistido. Conceptos

           En el discurso a favor de la eutanasia hay muchos términos incompletos y a veces tergiversaciones, en concreto cuando se habla de eutanasia, cuidados paliativos, calidad de vida, libertad, documentos de instrucciones previas, vida digna, derecho a la vida, dignidad de la persona, toma de decisiones relacionada con la muerte, límite del esfuerzo terapéutico, autonomía del paciente, necesidades básicas del paciente.
Por tanto, lo primero de todo es definir eutanasia. Todos tienen una idea general de ella, pero no del todo exacta o completa. No obstante, una definición de eutanasia que puede ser admitida por todos es aquella dada por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos que la definió en 2002 como “conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones compasivas y en un contexto médico”. En este mismo sentido, la Asociación Médica Mundial en 1987 definió eutanasia “como el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad”.
También se conoce la eutanasia como el suicidio medicamente asistido. La Declaración de la Asociación Médica Mundial sobre el Suicido con ayuda médica en 1992 la definió: “El suicidio con ayuda médica, como la eutanasia, es contrario a la ética y debe ser condenado por la profesión médica. Cuando el médico ayuda intencional y deliberadamente a la persona a poner fin a su vida, entonces el médico actúa contra la ética. Sin embargo, el derecho de rechazar tratamiento médico es un derecho básico del paciente y el médico actúa éticamente, incluso si al respetar ese deseo el paciente muere”, sin embargo, ambos conceptos no son exactamente iguales. Justamente, difieren en que en el suicidio asistido es el propio paciente quien activa el mecanismo que termina con su vida, aunque necesite de otro o de otros para llevar a cabo su propósito. La diferencia entonces estriba en que en este el paciente es el sujeto activo, aconsejado por un médico, en cambio, en la eutanasia, uno es un sujeto pasivo, es decir, otra persona (la mayoría de las veces es un médico) es el agente activo. Luego, se puede admitir que el suicidio medicamente asistido es la ayuda médica para la realización de un suicidio ante la solicitud de un enfermo, proporcionándole el médico los fármacos necesarios para que él mismo se los administre.
Dejando a un lado las diferencias se puede decir que la eutanasia y el suicidio asistido son acciones muy parecidas porque ambas tienen la clara intención, ya sea de forma activa o pasiva, de “ayudar” a causar la muerte de un paciente.
Después de hacer esta distinción terminológica hay que indicar que los promotores de la eutanasia no suelen utilizar este término, sino que se refieren a ella poniéndole otras denominaciones “más suaves”: “muerte digna”, “ayudar a morir” a quien lo pide o solicita, derecho a morir con dignidad…
Esta denominaciones o sobrenombres nos llevan a plantearnos las siguientes preguntas: ¿es o no correcto terminar con la vida de quien quiere morir y además lo ha pedido o lo está pidiendo?; la vida humana ¿puede llegar a ser indigna?, ¿no es una contradicción calificar la muerte como una realidad digna?, ¿existe un “derecho a morir”?; ¿cada enfermo tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo?; más concretamente, ¿existe el derecho de cada cual a disponer de su propia vida en el uso de su libertad y autonomía individual?; la petición del enfermo para morir ¿se convierte automáticamente en derecho del individuo?; ¿es éticamente aceptable que a las personas enfermas, dementes, en estado vegetativo…se les “ayude” a morir? o por el contrario ¿tiene que acontecer la muerte de forma natural? Como puede comprobarse, muchas son las preguntas que la cuestión de la eutanasia suscita.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Noticia en el periódico: “España no halla destino para 230.000 embriones congelados”.


Los periódicos españoles se han hecho eco de la siguiente noticia: “España no halla destino para 230.000 embriones congelados”.
El artículo afirma: “las clínicas españolas de reproducción asistida tienen un problema: no saben qué hacer con los embriones que guardan congelados que fueron creados para procesos de fecundación, pero no se han usado. El registro estatal recoge que en estos momentos hay más de 230.000 embriones humanos congelados”.
De este tema, ¿qué hacer con los embriones congelados? lo he tratado:
1º. En un libro titulado: Los embriones humanos congelados. Un desafío para la bioética”.
2º. Y en varias reflexiones colgadas en este mismo blog:
-El estatuto jurídico del embrión humano.
-Conclusiones sobre el Estatuto Biológico y Jurídico del Embrión Humano.
-La Congelación Indefinida: ¿solución a los embriones humanos congelados?
-La Adopción Prenatal: ¿solución a los embriones humanos congelados?
-La “donación” para investigación: ¿solución a los embriones humanos congelados?
-Células madre, esperanza para la medicina del futuro y, sobre todo,
 -El cese de su conservación sin otra utilización ¿solución para los embriones humanos congelados?
Dicho esto, la ley española vigente en esta materia plantea distintas opciones para los embriones humanos congelados:
1. Seguir manteniéndolos congelados.
2. La donación a otras parejas con fines reproductivos.
3. La donación para usar en investigación.
4. Su destrucción o muerte.
La primera opción no es ética (por la congelación). La cuarta evidentemente tampoco. La segunda, aunque es tolerable con matizaciones, no es generalizable (Adopción). La tercera ni es ética ni realizable. A esto último, hay que decir que no ha habido un solo proyecto de investigación que solicite el uso de células madre embrionarias. Además, han aparecido otras líneas de investigación con células madres que, aparte de no tener reparos éticos (la destrucción del embrión entre otros…) y grandes costes sociales, sí que tienen eficacia terapéutica en humanos.
Viendo estas opciones, se defiende un quinto destino a los embriones humanos congelados: proceder a su descongelación y “dejarlos morir” sin otro fin, o más exactamente, descongelarlos y “dejarlos morir”. Esta quinta opción tendría sentido siempre y cuando estuviera legalmente prohibido volver a congelar embriones humanos.
Es preciso aclarar que la propuesta que aquí se plantea para solucionar el problema de los embriones humanos congelados (descongelarlos y “dejarlos morir”) es diferente de aquella que promueve simplemente su descongelación y destrucción.Dejarlos morir” es la opción que se propone como la mejor que supone aceptar que no se puede hacer nada para salvar la vida. Con todo, la propuesta que se defiende, sin ser óptima, es la “menos mala” entre las posibles, habida cuenta de lo injusto de la situación de partida.
Por otro lado, para este quinto destino de los embriones humanos congelados tiene mucha importancia distinguir la acción de “matar” de la de “dejarlos morir”. “Matar” significa “poner” positivamente un acto malo, mientras que “dejar morir” supone aceptar que no se puede hacer nada para salvar la vida.
La muerte no le adviene al embrión humano al “dejarle morir” tras la descongelación, sino que tiene su origen en un “proceso de muerte”. Dicho proceso comienza con su producción y denominación de “excedente”, continúa con la congelación y finaliza con la descongelación. En efecto, “dejarlos morir” consiste en no intervenir en un curso de acciones que ya están en marcha y que ocasionan la muerte y que, por tanto, acciones moralmente malas.
Cuando se opta por descongelarlos y “dejarlos morir” no se hace otra cosa que liberar a los embriones de una situación injusta e impropia de su dignidad de seres humanos (su congelación), a la que nunca se debería haber llegado.
En este sentido, el profesional, que descongela al embrión humano, no pretende su muerte, sino que lo “deja morir”, esto es, deja de intervenir en un proceso abocado a la muerte. En todo caso, permite que la naturaleza siga su curso. Esta acción y la responsabilidad de la persona que la realiza son distintas de aquélla que ve la descongelación como un medio para posteriormente, en un proceso de reanimación, obtener un embrión humano del que se puedan extraer sus células. Por el contrario, el que descongela, al no reanimarlo, no persigue su muerte directa, sino que lo deja en situación de que muera de muerte natural.
Existe, por tanto, una diferencia indudable entre iniciar unas acciones que conducirán a la muerte del embrión humano congelado y “permitirle morir” no interfiriendo en el curso de unos acontecimientos que ocasionarán, tarde o temprano, su muerte.
En definitiva, con la acción de “dejarlos morir” se persigue terminar con una situación injusta, indigna e impropia para cualquier ser humano. Descongelarles y “dejarles morir” no es matarles activamente, sino dejar de poner un medio indigno y desproporcionado, que únicamente alarga artificialmente la fase final de la vida en situación irreversible.
Se puede concluir diciendo que “dejar morir” a los embriones humanos congelados, aun siendo una alternativa no exenta de reparos, pues no hay ninguna éticamente indiscutible, es la salida más respetuosa con la dignidad de los embriones humanos congelados. Así, pues, lo que se sostiene es que se descongele a los embriones humanos que han sido congelados y se les “deje morir” sin reintroducirlos de nuevo en un proceso instrumentalizador.

sábado, 29 de octubre de 2016

¿Existe el derecho a adoptar?


Somos conscientes que el tema que se trata en este escrito es complejo, espinoso y controvertido. De entrada, no se pretende un estudio jurídico exhaustivo del mismo, sino una breve reflexión ética.
Lo primero que hay que decir claramente es que ninguna Constitución y Declaración Universal, Internacional o Nacional establece el DERECHO A ADOPTAR o el DERECHO A TENER HIJOS. Así es, no existe ese supuesto derecho. En todo caso, habría que hablar del “derecho” de los niños a ser adoptados por unos padres que reúnan ciertas características.
Por tanto, es necesario, como se dice, cambiar el “chip”. Tenemos que poner el punto de mira en los hijos, no en los “padres” …, porque de lo contrario se puede caer en su instrumentalización. Si se pone el centro de atención en los padres, los hijos ya no son un bien en sí mismo, sino que se convierten en un “objeto” de deseo, que no se remedia haciendo notar el afecto con el que seguramente les reciben sus futuros padres.
Para admitir este “derecho” a adoptar se suele poner una serie de hipótesis y comparaciones, sobre todo si se trata de una pareja homosexual. Se dice que hay casos en que los niños crecen sin padre o madre, o sin ambos. O que una pareja homosexual puede cuidar y querer más al niño adoptado que una heterosexual. O que uno solo podría ser perfectamente padre y madre…Todos estos casos y otros muchos omiten lo realmente importante: el interés del niño.
No nos quedemos en las anomalías ni hagamos comparaciones. Como norma general centrémonos en los niños, que son los más débiles e indefensos. No se juzga el afecto con el que seguramente la pareja homosexual o heterosexual acogerá a la criatura adoptada. No se está hablando de eso.
Lo que tiene que quedar claro es que no existe un derecho de la pareja homosexual a adoptar. Pero tampoco existe tal derecho en una heterosexual. La adopción es un “derecho” de los niños a ser adoptados, no de los adultos. Los niños sí que tienen derecho a un padre y a una madre.
Y tampoco vale decir que un varón desarrolla la figura femenina, y viceversa, que una mujer desarrolla la figura paterna. Si se piensa así se comete un error: no existe tal dualidad en el ser humano. Esta comprensión dual hace que su cabeza, sus sentimientos, su sexualidad… de varón o de mujer vayan por un lado y su sexo por otro.
Por el contrario, el ser humano es una unidad. En éste la sexualidad es constitutiva, no se reduce ésta a lo genital: el varón piensa, ama, actúa, ve el mundo… como varón y la mujer piensa, ama, actúa, ve el mundo…como tal. El sexo, en el sentido de lo genital, es manifestación de la sexualidad. Ésta no es el resultado del deseo y de la elección como si se determinase dependiendo tal y como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado en el momento del nacimiento.
Resumiendo, siempre tiene que prevalecer el interés del niño por encima de cualquier otro interés o derecho de los adultos.
Por otro lado, lo que hay que conseguir social y legislativamente es que la adopción postnatal de los niños sea una opción más fácil, accesible y económica.

sábado, 8 de octubre de 2016

Maternidad Subrogada o “Vientres de Alquiler” II


3.        Las graves secuelas psicológicas que quedan para los hijos y las madres.
Los expertos han insistido en la importancia de los lazos que se crean entre la madre y el hijo durante el embarazo y su importancia en el futuro desarrollo de hijo, cabe presuponer que un embarazo considerado como un negocio y la relación con un hijo al que se renuncia de antemano y al que se considera como un producto y una fuente de ingresos, pueda afectar al correcto desarrollo psicológico del niño, más aún cuando sepa cuál es su origen, y de la madre que le ha gestado y dado a luz y tiene que separarse de él o ella. Algunos pretenden, sin embargo, hacer creer a la sociedad que un “vientre de alquiler” es algo aséptico, sin consecuencias psicológicas ni para la madre ni para el hijo.
 
4.             Inconvenientes jurídicos
Hasta ahora era incuestionable que la mujer que gesta y da a luz un niño era la verdadera y única madre. Sin embargo, es un hecho que en la Maternidad Subrogada, de alquiler o voluntaria, la función materna queda dividida entre varias mujeres, la madre biológica, la que lo gestó y dio a luz al niño, y la que lo criará como su única madre, con un vínculo genético o no, y en ocasiones una eventual donante de ovocitos.
En España la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida prohíbe los contratos de gestación por sustitución. Para el Código Civil español la determinación de la filiación se basa en la verdad biológica (el parto), con la posibilidad de reclamación de la paternidad por el padre biológico. Dicho de otro modo, aunque exista un contrato formal entre los padres que han contratado los servicios, en concreto, la mujer y la madre de alquiler, ésta última, si reclama al bebé, conforme a la legislación española, el contrato se invalidaría y la madre de alquiler ejercería la maternidad.
Ante este complejo problema social y jurídico, las parejas que contratan a madres subrogadas están solicitando que se les reconozcan sus derechos exclusivos de padres de la criatura nacida. Si esto ocurriese, la maternidad dejaría de estar vinculada al hecho físico de la mujer que gestó al niño y que lo dio a luz. Se reconocería así que el deseo de ser padre y madre es suficiente para otorgar el derecho de paternidad y abriría las puertas, no solamente a las parejas infértiles, sino a individuos solos, parejas del mismo sexo, etc., que podrían reclamar su “derecho a la paternidad”. La maternidad ya no quedaría vinculada a realidades físicas (gestación y dar a luz), sino al deseo o la intención de ser padres.
En el mundo, concretamente, en Estados Unidos, la India, Tailandia, Kazajistán, México, China, Israel, Reino Unido (solamente para personas nacionalizadas en el Reino Unido) se permite las madres de alquiler. Aunque Estados Unidos sea uno de los países más permisivos, sin embargo, varios Estados no permiten la maternidad subrogada: Washington, Michigan, Utah, Arizona, Nuevo México y Nueva York.
En algunos países europeos como Albania, Georgia, Croacia, Holanda, Rusia, Reino Unido, Grecia y Ucrania, la Maternidad Subrogada está legalizada. No obstante, en la gran mayoría de países europeos está prohibida total o parcialmente. En concreto, expresamente prohibida en Alemania, Andorra, Austria, España, Estonia Finlandia, Islandia, Moldavia, Montenegro, Serbia, Eslovenia, Suecia, Suiza, Turquía, Francia. Tolerada en Bélgica, República Checa, Luxemburgo, Polonia. Y en otros, sin estar expresamente prohibida, tampoco está aceptada o no hay regulación al respecto como es el caso de Hungría, Irlanda, Letonia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumanía, San Marino y Bosnia-Herzogovina.

5.        El negocio económico de la Maternidad Subrogada
Tras los “vientres de alquiler” hay un enorme entramado económico que hace caja con la vida humana en el que el bebé acaba convirtiéndose en un objeto de compraventa. En efecto, la Maternidad Subrogada puede llegar a costar cerca de 90.000€.
Cada año este negocio mueve cientos de millones de euros. Además la Maternidad Subrogada es una actividad comercial en la que las agencias empresariales se lucran a costa del sufrimiento de los padres infértiles y la vulnerabilidad de las mujeres, sobre todo aquellas que viven en situaciones desfavorecidas, desarrollándose todo un negocio de selección y proceso de calidad de mujeres y posibles futuros bebés. Así es, las agencias empresariales seleccionan a la candidata como “vientre de alquiler”. Ofrecen a través de Internet un catálogo de candidatas (que reúnen los requisitos necesarios) dispuestas a alquilar su vientre y con la intención de someterse a las exigencias que tendrán que seguir obligatoriamente durante el embarazo.
Así también, estas agencias empresariales disponen de programas que incluyen servicios y gastos: la compensación económica a la madre de alquiler, servicios de la inseminación artificial, servicio de Planificación del embarazo en la zona de residencia de la madre de alquiler, examen médico completo, alimentación para el periodo de permanencia en el centro y servicio de intérprete para todo el periodo de duración del programa, preparación y firma del acuerdo entre los padres y la madre biológica, servicios jurídicos, declaración de la madre sustituta de la ausencia de demandas contra los padres biológicos, asistencia en la formalización y la obtención del certificado de nacimiento del niño.
 
Conclusión
A la Maternidad Subrogada se le disfraza de altruismo y de beneficio. Pero lo que es cierto que con ella se mercantiliza a una mujer, y a un niño al que se le exige estándares de calidad y se le priva de derechos fundamentales, aparte de su “autocomprensión” en el futuro. Y además, la Maternidad Subrogada lleva a abortos o “devoluciones” de niños imperfectos; al abandono del bebé comprado al terminar la relación de pareja antes que llegara su nacimiento. Luego, el niño no tiene valor en sí mismo, sino que lo tiene únicamente si es querido, recibido, deseado.
Al mismo tiempo, con la admisión de la Maternidad Subrogada resulta evidente que la dignidad de la mujer y la maternidad no se contemplan como algo indisponible y digno de protección, sino que se puede utilizar a la mujer para satisfacer un deseo. Pero los deseos de paternidad tienen como límite la dignidad de las personas y la protección de sus derechos fundamentales.
La manera más efectiva de disuadir a los posibles padres de acudir a la maternidad de alquiler y así reducir el negocio y la explotación que supone es la prohibición a los padres no biológicos de inscribir a los niños que los han obtenido por subrogación nacional e internacional en el Registro Civil, es decir, la mujer, que ha dado a luz, sería la única madre.
 Luego, en el tema de la Maternidad Subrogada hay que hacerse varias preguntas: ¿Quiénes se van a beneficiar realmente con esta práctica: las agencias empresariales? y ¿quiénes saldrán perjudicadas: las mujeres subrogadas? No se puede admitir una práctica que tiene como objetivo ser padre a madre a cualquier “precio”, sin pensar en el hijo.
Tengamos en cuenta sobre todo los derechos de los niños. No permitamos que se siga comerciando con el cuerpo de las mujeres. Un mundo donde prevalece por encima de todo el dinero y el deseo individual es un mundo abocado a la corrupción y la desigualdad.
Por consiguiente, por estas razones todas las medidas relativas a la maternidad subrogada, de alquiler o altruista, deberían, en mi opinión, orientarse a prohibir esta práctica.

domingo, 2 de octubre de 2016

Artículo en el periódico: "Reflexiones en torno a un hecho insólito"

Artículo de D. Justo García Turza publicado en el periódico La Rioja, 02-10-2016:
"Muchas de las noticias que tienen que ver con la salud y que se ofrecen a la opinión pública, con demasiada frecuencia crean esperanzas que no tienen justificación alguna"
El pasado miércoles me desayuné con una noticia que me dejó perplejo: "Nace un bebé con la nueva técnica de tres padres genéticos". Al parecer, se trata del primer  niño engendrado con la técnica de reproducción asistida que utiliza el ADN de tres personas, llamada por eso "de los tres padres". Al parecer, esta noticia ha sido acogida en el campo de la investigación como un logro revolucionario que habrá de ser considerado -añado yo- con suma cautela.
No voy a entrar en ello de manera directa, ya que el tema es complejo y merece, como mínimo delicadeza. Si voy a ofrecer a mis lectores algunas pautas generales que habría que repetir cada vez que salta una noticia de estas y que, a base de ser universalizadas por la relevancia mediática que se les otorga en los medios generalistas (no científicos), empiezan a parecer situaciones normales, buenas y de uso general recomendado. Honradamente he de decir que me baso en la doctrina que explica mi buen compañero y amigo Roberto Germán, sacerdote diocesano en la Rioja, experto en Bioética y profesor de la UR durante años.
Un primer apunte sería constatar que todo lo relativo a la salud y a la aparición de nuevas terapias goza en nuestra sociedad occidental de un interés total y absoluto, casi obsesivo. Lo que digan los médicos,  y en general los científicos, sobre lo que sea, corazón, piel, digestivo, cáncer, embarazo, legionela, etc., lo absorbemos todos como esponjas. El problema está en que la transmisión correcta de esos asuntos es tarea con frecuencia complicada, por difícil de entender y difícil de transmitir. Por ello, a menudo se busca ante todo un titular atractivo para ganar la atención del oyente, lector o telemirador. Es lo que me pasó a mí el miércoles cuando oí lo del niño nacido "de tres padres".
Es interesante el dato que destaca mi buen amigo Roberto en el sentido de que "el periodismo científico en general convierte la tarea informativa en una actividad poco rigurosa".
Más aún, constata que aún los mismos científicos alientan esa falta de rigor al anunciar como verdades absolutas y demostradas, por ejemplo, "con relación a terapias con células embrionarias humanas", lo que son únicamente líneas de investigación sin una aplicación continuada y con resultados exitosos.
Muchas de las noticias que tienen que ver con la salud y con la enfermedad, con la vida y con la muerte, y que se ofrecen a la opinión pública con demasiada frecuencia crean esperanzas que no tienen justificación alguna. Así, a propósito de la manipulación de las células embrionarias, se oculta a menudo la realidad -sí comprobada- de que "presentan problemas de rechazo inmunológico o de creación de tumores". Y de esto apenas se informa.
No hay que olvidar, por otra parte, que el tratamiento no correcto de estos asuntos hace difícil por no decir imposible, el que puedan crearse las condiciones necesarias para un debate libre y serio acerca de "la política adecuada con respecto al uso de embriones humanos para la investigación". Hay una confusión enorme que se manifiesta en que lo que se prohíbe en un país se permite en otro y viceversa.
Es evidente que todo lo que tiene que ver con las células madre, sus efectos curativos y sus efectos a la hora de la fecundación, genera una expectación informativa del máximo nivel. Sin embargo, en estimación de Roberto Germán, "este interés no puede ser vendido a cualquier precio", y continua, con la reflexión que se me antoja la más importante de su escrito: "ésta información ha de ajustarse a la ética tanto por parte de la fuente informativa (los llamados científicos) como por parte de los comunicadores. ¡La noticia ha de verse siempre arropada por la veracidad! Este es el auténtico quid de la cuestión: la veracidad.
Termina mi buen amigo insistiendo en que toda la actividad científica y, en consecuencia, la actividad comunicadora han de buscar siempre el bien común que  persigue todo trabajo de investigación que se precie. La promoción y protección de aquellos bienes que tienen una amplia y profunda repercusión social -y afecten vitalmente al bien común- deben pasar sí o sí por la vivencia a muerte de la veracidad. La investigación y la divulgación de sus contenidos es un bien que ha de ser tutelado por todos los estamentos sociales y por todas las conciencias individuales rectamente formadas, y así brindaremos entre todos el mejor servicio a los ciudadanos. No a los intereses particulares y egoístas que son el verdadero cáncer social que nos está minando.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Maternidad Subrogada o “Vientres de Alquiler” I


Los  “Vientres o Úteros y Madres de Alquiler” son una práctica cada vez más extendida a la que se le han dado otros nombres: Maternidad Subrogada o Gestación por Sustitución.
Este tema es de gran actualidad (tanto es así que algunas personas anónimas y algunos famosos son padres y madres por este método). Los que están a favor de la Maternidad Subrogada, la presentan como una forma más de reproducción asistida, como un forma altruista para paliar la infertilidad y ayudar a las parejas que no pueden tener hijos, dándoles la oportunidad de ser padres. Sostienen que al ser una práctica lícita, debe ser admitida jurídicamente. En concreto, argumentan que un contrato realizado con una “madre de alquiler” se celebra entre adultos autónomos y responsables, con libertad de elección y autonomía de la voluntad, entendida en el sentido de que cada cual es libre de hacer con su cuerpo y su vida lo que prefiera, y en tal supuesto la ley no debiera interponerse. Por lo tanto, los que están a favor de la Maternidad Subrogada sostienen que esta práctica no perjudica a terceros y redunda, necesariamente, en beneficio de todos los sujetos implicados.  
Pero la realidad es bien distinta. Esta visión ingenua y muy parcial omite al más importante de los sujetos implicados en este asunto: el bebé; y olvida las profundas implicaciones éticas y jurídicas que conlleva la Maternidad Subrogada, así como los numerosos problemas, de toda índole, que genera. Además, no hay que olvidar que ésta supone un gran negocio. Tras “los vientres de alquiler” hay un enorme entramado económico.
Pero, ¿qué es la Maternidad Subrogada? Ésta hace referencia a que la pareja (en muchos países no solo entendida como mujer y varón) o uno solo (en algunos países existe esta posibilidad), que quiere tener un hijo, acuerda con una mujer dispuesta a gestar y dar a luz (casi siempre por medio de una remuneración) el embrión obtenido por fecundación in vitro de los gametos de los “padres” y transferido al útero de esa mujer. Luego, la Maternidad Subrogada implica que una mujer lleva adelante el embarazo y da a luz a un bebé que le pertenece a otros padres genéticamente al proceder de la fecundación in vitro de los óvulos de la madre biológica y de los espermatozoides de la pareja o de un donante. Cuando los óvulos de la madre biológica no son óptimos, o uno solo quiere ser padre, se procede directamente a la inseminación artificial del vientre subrogado con el esperma del padre o donante.
En resumen, una madre de alquiler es una mujer que acepta, por acuerdo (la mayoría de los casos por remuneración), quedar embarazada con el objetivo de engendrar y dar a luz un niño que va a ser criado por otros. Luego, en los contratos de subrogación la mujer alquila su cuerpo por dinero, o por algún tipo de compensación.
 Hablando técnicamente, asistimos a una maternidad por sustitución mediante un contrato de gestación.
Pero también, la subrogación puede realizarse de forma altruista. Así, una mujer fértil, puede establecer un acuerdo con otra mujer infértil, comprometiéndose a llevar a término el embarazo, sin que medie una remuneración, lo que se denomina subrogación gestacional altruista. Esta modalidad es la menos frecuente, pero es muy citada por aquellos interesados en promover la práctica de la subrogación.
Sea la modalidad que sea, la Maternidad Subrogada supone muchas objeciones:

1.            La mujer no es tratada como una persona, sino como un objeto.
La Maternidad Subrogada es una acción humillante para la mujer, porque se la utiliza como una máquina de reproducción y se regula (cuando está renumerada) a través de un contrato, en el que también se ve al hijo, que está en el vientre, como un objeto meramente comercial. Pero un niño y una mujer nunca pueden ser objeto de consumo, ni de una cesión.
Por tanto, uno de los problemas de la Maternidad Subrogada es que supone una instrumentalización del cuerpo de la mujer, ignorando la distinción básica entre personas y cosas. Los sistemas jurídicos occidentales han entendido que, frente a la libre disposición de los objetos, las personas, incluyendo el cuerpo humano (por lo tanto, también el vientre de la mujer), no pueden ser objeto de comercio. De este modo, la libertad de los individuos para establecer contratos en mutuo provecho tiene límites, en concreto, cuando el objeto de dicho contrato es el mismo ser humano, su cuerpo. Así es, el acto de “vender” u ofrecer el cuerpo entraña un grave problema social y humano.
Por otro lado, es verdad que el deseo de las parejas estériles debe ser escuchado por la sociedad, pero no a cualquier precio. En efecto, no todos los deseos de los adultos deben ser considerados como derechos, máxime si ello implica lesiones a la dignidad y a los derechos de otros sujetos implicados, especialmente de las mujeres más vulnerables y de los hijos.
En este sentido, la autonomía personal no significa aceptar como válida cualquier decisión. Nuestra sociedad ha hecho suyos como pilares básicos los derechos humanos. Por tanto, debe proteger a los ciudadanos para que puedan ser respetadas sus actuaciones en el ámbito de estos derechos. Ahora bien, esta protección se extiende también a proteger al individuo incluso frente a sí mismo, cuando pretenda vulnerar sus propios derechos humanos, como sería no permitir que alguien se entregue voluntariamente como esclavo, aunque dicha decisión haya sido tomada de forma autónoma.
Efectivamente, no todo aquello que deseamos adquiere categoría de derecho. Para satisfacer el deseo de algunas personas de ser padres o madres,(que no derecho), y que no pueden conseguirlo de manera natural, existe lo que comúnmente se conoce por adopción, con la que se evita el mercado de personas y se ayuda a los niños que no tienen recursos ni familia.
Por lo tanto, las mujeres gestantes son utilizadas en este negocio como una mera factoría que fabrica bebés para otros. Por consiguiente, ni a los que pagan ni a los intermediarios les importa la situación de la mujer ni el vínculo que como madre se genera durante los nueve meses que el bebé está en su seno.
Lo verdaderamente importante es el aspecto comercial y, como en cualquier fábrica, que la producción sea buena y que la mujer cumpla su parte del contrato, para que el producto sea justamente lo que se había contratado. Para ello, dicho contrato comienza con los procesos de selección de las madres de alquiler que incluyen un sinfín de pruebas y requisitos personales para garantizar esa “calidad” de los óvulos y del vientre que llevará al futuro hijo. Luego, en la Maternidad Subrogada no hay ni humanidad ni sentimiento.
Por eso, la expresión, usada frecuentemente, de “vientre de alquiler”, no es adecuada, porque no solamente es un órgano el que se pone al servicio de terceros, sino que es la persona entera.
Tampoco se nos pueden pasar por alto la multitud de imprevistos o situaciones complicadas que pueden aparecer, como la posibilidad de un embarazo de alto riesgo para la salud de la madre gestante. Así también, puede ocurrir que los padres contratantes se echen atrás a mitad del embarazo ante posibles malformaciones del niño no nacido, o porque el sexo no era el “adecuado”…o exijan que la criatura sea abortada.
En conclusión, la Maternidad Subrogada supone la compraventa de personas que pretende legalizarse bajo el epígrafe de "derecho a ejercer la paternidad" y "libertad a decidir sobre el propio cuerpo".

2.            El ser humano-bebé, utilizado como una mercancía
La Maternidad Subrogada convierte al hijo concebido en producto comercial con control de calidad. En efecto, el niño se convierte en un mero producto comercial para satisfacer el deseo de unos adultos de ser padres o de un adulto de ser padre o madre, y como tal se le pueden exigir estándares de calidad y su devolución en caso de no cumplirlos.
En la Maternidad Subrogada el niño es tratado, por lo tanto, como un objeto de compraventa y en muchos contratos se establece que la madre subrogada deberá devolver el dinero si no logra dar a luz o el hijo no tiene las condiciones de salud establecidas, lo que acentúa la inseguridad que afecta, tanto a la madre subrogada, como al niño.
Por consiguiente, la Maternidad Subrogada supone mercantilizar la filiación, ya que ésta dependerá de la celebración de un contrato con un fuerte contenido económico. Por otro lado, la criatura queda en una posición muy vulnerable, dado que su situación depende de las cláusulas establecidas en dicho contrato, lo cual no asegura, en absoluto, la protección de sus intereses y derechos.
De igual forma, la Maternidad Subrogada impide al niño conocer su origen e identidad. Tal es así que pueden llegar a ser 6 adultos los que reclamen la paternidad de cada bebé nacido de un “vientre de alquiler”: la madre genética o biológica (donante de óvulos), la madre gestante (el “vientre de alquiler”), la mujer que ha encargado el bebé, el padre genético (el donante de esperma), el marido o pareja de la madre gestante (que tiene la presunción de paternidad), y el varón que ha encargado el bebé.
En definitiva, la Maternidad Subrogada supone la cosificación del hijo. El niño se convierte en un producto de mercado que se encarga, se compra y se vende. Su objetivo no es el bien del niño, sino el de satisfacer el deseo de unos adultos de ser padres a cualquier precio.

(Continuará)